En la antigua Atenas, cuna de la democracia, el filósofo Sócrates, a través de las palabras de Platón en La República, advertía sobre los peligros de un sistema donde el pueblo elige líderes basados en empatía o carisma, en lugar de capacidad y virtud. Para Sócrates, la democracia podía degenerar en anarquía y, finalmente, en tiranía, porque los votantes, como marineros inexpertos, confían en capitanes que prometen dulces en vez de navegación segura.

Nicaragua, bajo el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, ha vivido décadas de represión. Desde 2007, Ortega ha concentrado poder, con acusaciones de fraude electoral, persecución a opositores y violaciones a derechos humanos. En 2018, protestas masivas dejaron cientos de muertos, y el gobierno las calificó como intentos de golpe de Estado.

Hoy, en febrero de 2026, el régimen muestra signos de fragilidad: liberaciones parciales de presos políticos en enero, bajo presión internacional, y tensiones diplomáticas, como la expulsión del embajador español. La Organización de Estados Americanos (OEA) denuncia una “dictadura” que persigue a los disidentes, y también informes como el de Transparencia Internacional ubican a Nicaragua como el segundo país más corrupto de América Latina.

https://www.infobae.com/nicaragua/2026/02/14/nicaragua-segundo-pais-mas-corrupto-de-america-latina-segun-la-transparencia-internacional-2025

La similitud con las advertencias de Sócrates es evidente. En Atenas, la democracia permitió el ascenso de demagogos que manipulaban emociones para ganar poder, llevando a la tiranía. En Nicaragua, Ortega, un exrevolucionario sandinista, regresó al poder en 2007 prometiendo justicia social, pero su popularidad inicial se transformó en autoritarismo y con reformas constitucionales en 2024 lo convirtió en copresidente con su esposa la dictadora Murillo, consolidando una dinastía familiar más peligrosa y con poder.

Si el fin de esta dictadura llega pronto –como sugieren escenarios de erosión interna y presión externa, tras eventos como la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, los nicaragüenses enfrentan una encrucijada:

¿Elegir su futuro por capacidades o por empatía?

Para mejorar la situación después de la dictadura, Nicaragua debe priorizar líderes con capacidad probada, visión económica y compromiso democrático, no carismáticos que exploten divisiones. Como Sócrates instaba a la reflexión, los nicaragüenses –en el exilio o en casa– deben educarse en elegir por capacidades, logros y experiencia verificables. Solo así, la verdadera democracia florecerá, impidiendo que el pueblo elija a su propio verdugo de nuevo.

¡El futuro está en manos capaces, no en promesas vacías!

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Lecciones de Sócrates para Nicaragua: No Elegir Tiranos por Popularidad

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