Por Manuel Fabien Aliana
Los empresarios nicaragüenses no tienen mucho que ver con la decisión del presidente Donald Trump sobre no suspender el CAFTA, el mandatario lo hace para no afectar a los exportadores e importadores norteamericanos, así como a los dividendos de los accionarios norteamericanos en empresas nicaragüenses. Trump no ve el sentido de generar una crisis económica en un país con el que Estados Unidos hace buenos negocios y ve en Ortega un dictador que mantiene un control político territorial sin contestación política frontal dentro de sus fronteras. Además suspender el CAFTA obligaría a la economía de Nicaragua a reorientarse hacia China y perderían como socio al dictador de Nicaragua.
Lo de los aranceles lo aplica a países sin importar el tipo de régimen, lo hace para generar recursos federales esencialmente, o para proteger la industria local, pero eso más cuándo se trata de países industrializados que compiten con la industria norteamericana.
En el caso de Nicaragua, la gradualidad de los aranceles la hace para no desestabilizar bruscamente los flujos económicos y tiene la “habilidad” o el descaro (como prefieran) de hacerlo pasar por una sanción.
Muchos nicaragüenses pensaron que Trump iba a buscar desestabilizar al régimen de Nicaragua y hoy incluso hacen análisis de que los aranceles son una presión para que la dictadura se enderece, pero no entienden la psicología del personaje Trump, ni los intereses que defiende. Lo analizamos hace un año en Criterios en un programa antes de que fuera electo Trump: Ortega es un buen alumno de los Estados Unidos y Trump no tiene ningún problema con hacer negocios con él. Negocios son negocios, y en ese razonamiento geopolítico a cada pueblo le toca el régimen que merece. Si ese régimen hace negocios con los Estados Unidos, entonces puede considerarse como aliado, y la economía de Nicaragua está esencialmente orientada a las exportaciones e importaciones con Estados Unidos en más de un 70%.
La oposición Nicaragüense al régimen de Ortega tiene una gran tarea para buscar derrocar por sus propios medios al dictador y buscar presentar una alternativa constitucional que convenza a nicaragüenses en el interior y a nicaragüenses en el exterior y sea la verdadera ruta política a seguir, la bandera no debe ser un nuevo partido político sino una nueva constitución política.




