Por Douglas R. Lee
Entre el renacimiento y la dispersión: CxL y la política del doble menú.
Hace unas semanas, en Mesa Redonda, Sergio Marín Cornavaca entrevistó al Ing. Luciano García y a Alexander Gómez. A esto se suma la entrevista del 31 de enero en Realidades. Analizar estos encuentros como hechos aislados sería superficial: lo que se observa es la continuidad de un patrón que lleva décadas en la política nicaragüense.
Luciano García no es un joven emergente; tiene más de cincuenta años y una trayectoria política que ha transitado por diferentes identidades: liberal, conservador, pro-sandinista (como parte de Hagamos Democracia), y ahora presentado como referente liberal dentro de CxL y Monteverde. Es, en esencia, un camaleón político, capaz de cambiar de disfraz según convenga al momento, al público y al poder disponible. En esto, Luciano es el equivalente contemporáneo de Wilfredo Navarro, el histórico político opositor que durante décadas ha pasado de PLC a FSLN, adaptándose y sobreviviendo en cada contexto.
Dos rostros, un mismo personaje
En Mesa Redonda, Sergio dejó al descubierto la disonancia: CxL no habla con una sola voz. Dentro de Monteverde, Luciano convive con un “mole político”: derecha, centro, ex-MRS, figuras recicladas, celebridades políticas y silencios tácticos. No hay síntesis, solo coexistencia bajo control del relato.

Pero cuando el mensaje se dirige al exilio, especialmente en Estados Unidos, se presenta otra versión: un Luciano liberal, ordenado, casi conservador, moderno y estratégico. Es un Big Mac que se anuncia para un mercado estadounidense y que, al abrirlo, resulta una fritanga. Esa incoherencia destruye confianza y muestra la verdadera lógica política: la imagen importa más que la esencia.
En Realidades, Luciano presume vínculos familiares con Somoza, reforzando una narrativa de legitimidad histórica. Es parte de su estrategia: el capital simbólico del pasado como herramienta de posicionamiento político presente.
Camaleonismo en acción
Luciano ha demostrado consistencia solo en la flexibilidad. Durante su carrera ha transitado entre posiciones conservadoras, liberales y pro-sandinistas (Hagamos Democracia), siempre adaptando su discurso y su imagen al contexto político y a los intereses que le convienen. No es ideología: es gestión estratégica de identidad política.
Sus movimientos recientes en CxL y Monteverde, junto a figuras jóvenes como Alexander Gómez, no son un intento de renovación generacional, sino de relanzamiento calculado, donde él aparece como centro de legitimidad y mediación entre distintas tendencias del “mole Monteverde”.
La familia Chamorro y la estrategia histórica

Si Luciano ejemplifica el camaleonismo individual, la familia Chamorro representa el patrón histórico del camaleonismo mediático y político:
Juan Sebastián Chamorro, líder impuesto por Kitty Monterrey, con pasado en Juventud Sandinista.
Su primo Carlos Fernando Chamorro, ex-FSLN, ex-Barricada, hoy dueño de Confidencial.
Su hermano Pedro Joaquín Chamorro, vinculado al PLC.
Juan Lorenzo Chamorro, director general de La Prensa.
Cada miembro ha transitado entre posiciones opuestas según el contexto, asegurando influencia y control. Luciano opera de manera similar, pero como individuo: un camaleón que sabe cuándo mostrarse liberal, conservador o prosandinista, según el público y el mercado.
Nota de filo para la clase liberal
La lección es clara y urgente: no confundamos modernidad con coherencia, ni liberalismo con marketing político. Luciano García no es un líder liberal: es un estratega del camaleonismo, un sobreviviente que adapta su discurso, sus alianzas y sus máscaras según quien observe. Quienes confían en su “renacimiento liberal” deberían recordar que su trayectoria demuestra lo contrario: se mueve por conveniencia, no por convicción.
En Nicaragua, y sobre todo en la diáspora, muchos quieren creer en la idea de un liberalismo sólido, una oposición coherente, un relevo generacional limpio. Luciano y sus aliados del “mole Monteverde” ofrecen todo eso en apariencia, pero no en sustancia. Prometen Big Mac y sirven fritanga. Muestran liberalismo y negocian con sandinistas, conservadores y ex-MRS sin perder un minuto de influencia ni acceso al poder.
Así que la advertencia para la clase liberal es directa: examinen a los camaleones antes de confiarles su agenda, su dinero y su voto. Luciano García no es la excepción; es la regla de oro de un juego político que prioriza la supervivencia personal sobre la coherencia ideológica. Como Wilfredo Navarro antes que él, su habilidad para disfrazarse lo ha hecho invulnerable… pero no más confiable.
En política, los camaleones sobreviven; los principios, no. Y en este buffet de liberalismo de Monteverde, Luciano García ha aprendido a elegir siempre el plato que le conviene, no el que Nicaragua necesita.




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